
La firma francesa ha pasado de los estantes de los comercios a las exhibiciones de los museos
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"¿Vosotros también conocéis a alguien que tenga esta vajilla?", preguntaba en Twitter el pasado 19 de febrero la usuaria @Malhellfica mostrando una imagen de una colección de platos y tazas de color ámbar. Acto seguido, comenzaron a sucederse miles de reacciones y comentarios de personas que reconocían poseerla todavía o haber comido a lo largo de sus vidas en esta vajilla Duralex, de origen francés y que comenzó a comercializarse en el país vecino en 1945. Pero ¿cómo llegó a los hogares españoles y por qué despierta tanta nostalgia?
¿Vosotros también conocéis a alguien que tenga esta vajilla? pic.twitter.com/maCGcftw3z — MALHELLFICA (@Malhellfica) February 19, 2020
¿Vosotros también conocéis a alguien que tenga esta vajilla? pic.twitter.com/maCGcftw3z
Si mucha gente aún conserva parte de esta vajilla es por su condición de "prácticamente irrompible" –como presumía la propia marca en sus anuncios allá por la década de los sesenta– gracias a su material: el vidrio templado, que se obtiene calentándolo gradualmente hasta alcanzar temperaturas de 700 grados centígrados y enfriándolo de forma súbita. "Resiste a los golpes y pasa del agua hirviendo a la fría sin riesgo de rotura", anunciaban.
"Es un vidrio mucho más resistente y que, en caso de romperse, lo hace en bolitas, evitando así que te puedas cortar", explica a Verne en conversación telefónica Isabel Campi, presidenta de la Fundación Historia del Diseño, que a sus 68 años recuerda perfectamente "aquel primer vaso transparente con forma de barril y dos aristas que le cruzaban en medio para reforzarlo", y que la marca llamó Gigogne (barrigón). "Y el primer plato tenía forma de margarita", añade.
Campi, originaria de Barcelona, no recuerda exactamente cuándo empezó a venderse en España esta vajilla, pero sí rememora a su familia y otras familias catalanas durante la década de los cincuenta desplazarse a Andorra para adquirirla. "Eso era muy típico cuando querías comprar algún producto francés que todavía no podías encontrar en las tiendas de aquí", cuenta. "Luego se empezaron a comercializar, por ejemplo, en las tiendas Gerplex", añade. En Madrid y en Sevilla se podían encontrar en Galerías Preciados, como se puede ver en este anuncio del periódico ABC de 1961.
El vidrio templado fue descubierto por la empresa francesa Saint-Gobain en 1939, aunque para otro uso. "En un inicio, este material se creó para fabricar lunas de automóviles", cuenta Campi. Pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial lo convirtió en un nuevo producto (vajillas resistentes) destinado a las familias más humildes y en 1945 quedó registrado bajo la marca Duralex. "Era un producto barato, de hogares obreros y para uso diario", explica la presidenta de la Fundación de la Historia del Diseño.
Más tarde, a aquellas primeras vajillas transparentes de Duralex se sumaron las versiones en verde y ámbar. "En España fue toda una revolución porque hasta entonces se utilizaban vajillas de loza y porcelana que después quedaron relegadas únicamente a las ocasiones especiales; las de Duralex aguantaban más trote", añade Campi, que no cree que "haya una sola familia en los años sesenta y setenta que no tuviera esa vajilla".
"Para satisfacer la impresionante demanda del mercado", como explicaba este artículo de ABC de octubre de 1963, Saint-Gobain constituyó en España la empresa Vidriería de Castilla e inauguró ese año su fábrica de vidrio en Azuqueca de Henares (Guadalajara), impulsando la industrialización de una región –con la creación de más de 500 puestos de trabajo– hasta entonces sostenida por la agricultura.
Este artículo de Guadalajara Diario recuerda que aquella "fábrica de cristal" de Azuqueca –como se la conocía en la zona del corredor del Henares– marchaba bien porque "los platos de Duralex entraron en todos los hogares españoles, hasta el punto de que se identificaban con los avances modernizadores de la sociedad". "Esta vajilla y otros diseños extranjeros, como las medias de nailon, que también aparecieron por aquella época, simbolizaban el progreso", añade Campi.
Como explicaba Teresa Vilarós –autora de El mono del desencanto. Una crítica cultural de la transición española (1973-1993)– en esta entrevista para El Salto, sustituir la loza por el Duralex era un gesto de ruptura con el periodo de autarquía hacia el liberalismo económico que se afianzaría a partir de los años setenta en buena parte del mundo, también en España: "Cuando decían a la gente en los pueblos que tiraran la vajilla de loza y compraran Duralex".
Pero a finales de esa década la compañía –que además de la española, tenía dos fábricas más en Francia– entró en declive, como contaba Cinco Días en este artículo: "Comienza a quedarse anticuada para los consumidores y ha de hacer frente a la competencia, fruto de los inicios de un mundo globalizado". "Acabamos un poco hartos de Duralex, era la tónica de siempre: los mismos vasos y platos a todas horas y en todos lados. Yo creo que nos aburrimos y los dejamos de comprar", dice Campi.
Aunque la empresa estuvo a punto de cerrar en 2008, fue precisamente la crisis económica global la que la salvó. "Las familias vuelven a necesitar gastar lo menos posible. Una vajilla a prueba de golpes ayuda en este menester", explicaba Cinco Días. En la actualidad, esta vajilla se sigue comercializando. Basta con escribir Duralex en Google para que el buscador nos devuelva varios resultados de tiendas que venden vasos, platos, fuentes y otras piezas de la marca a un precio bastante económico en Internet.
Durante su existencia, las piezas de Duralex también han dado el salto de las repisas de las tiendas a las vitrinas de los museos. Aquel primer modelo de vaso, el Gigogne, está expuesto de manera permanente en el Museo de Artes Decorativas de París; y la tienda en Internet de diseño del museo MOMA vende una edición de varios colores de otro modelo, el Picardie, –más estrecho y biselado, con el que Daniel Craig bebe whisky en la película Skyfall– por 41,95 euros la unidad.
¿Y tú? ¿Tenías (o tienes) por casa una vajilla Duralex? ¿La sigues usando? ¿La clásica, la ámbar o la verde? ¿Qué recuerdos te trae?Cuéntanoslo por Twitter o respondiendo a este correo.
¿Y tú? ¿Tenías (o tienes) por casa una vajilla Duralex? ¿La sigues usando? ¿La clásica, la ámbar o la verde? Si quieres, desempolva tu vajilla y mándanos una foto como esta de nuestra compañera @mluzpeinado pic.twitter.com/RTrSSTGWAi — verne (@verne) February 27, 2020
¿Y tú? ¿Tenías (o tienes) por casa una vajilla Duralex? ¿La sigues usando? ¿La clásica, la ámbar o la verde? Si quieres, desempolva tu vajilla y mándanos una foto como esta de nuestra compañera @mluzpeinado pic.twitter.com/RTrSSTGWAi
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